viernes, 22 de septiembre de 2017

VÍA CRUCIS DEL COLISEO. VIERNES SANTO 2.015. DUODÉCIMA ESTACIÓN. JESÚS MUERE EN LA CRUZ. "SEÑOR TE NECESITAMOS"


Palabras de Jesús

      En la cruz Jesús dijo a voz en grito: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Después, dirigiéndose a su Madre, dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; y al discípulo Juan: «Ahí tienes a tu madre». Añadió: «Tengo sed» dijo: «Está cumplido» y, finalmente: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

Nuestra resonancia 

       En la cruz, Jesús, rezaste. Así viviste el momento culminante de tu vocación y misión. Te dirigiste a tu Madre y al discípulo Juan. A través de ellos, nos hablabas también a nosotros. Nos confiaste a tu Madre. Nos pediste que la acogiéramos en nuestra vida, para que nos cuidase a nosotros igual que cuidó de ti. Nos impresiona mucho que, en tu larga agonía de horas, te hayas dirigido a voz en grito a Dios con las palabras del salmo 21, que expresan los sufrimientos, pero también las esperanzas del justo. El evangelista Lucas recuerda que, poco antes de morir, dijiste: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». La respuesta que el Padre dará será tu resurrección. 

Oración

 «Omnia nobis est Christus» (San Ambrosio) - 
«Te necesitamos, Señor, 
para saber quién somos y adónde vamos. 
Te necesitamos para reencontrar 
las verdaderas razones de la fraternidad 
entre los hombres, el fundamento de la justicia, 
los tesoros de la caridad, el sumo bien de la paz. 

Te necesitamos, gran Paciente de nuestros dolores, 
para conocer el sentido del sufrimiento. 
Te necesitamos, Vencedor de la muerte, 
para librarnos de la desesperación y del vacío.

Te necesitamos, Señor, para aprender 
el amor verdadero y para proseguir, 
con la alegría y la fuerza de tu caridad, 
nuestro arduo camino hasta el encuentro final contigo, 
amado, esperado, bendito por los siglos».

miércoles, 9 de noviembre de 2016

VÍA CRUCIS DEL COLISEO. VIERNES SANTO DEL AÑO SANTO JUBILAR 2000. PRIMERA ESTACIÓN. JESÚS ES CONDENADO A MUERTE


Lectura del Evangelio

   "¿Eres tú el Rey de los judíos?" (Jn 18, 33) 
  "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36). 
   Entonces Pilato le dijo: "¿Luego tú eres Rey?" 
   Respondió Jesús: "Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz". 
  Le dice Pilato: "¿Qué es la verdad?" Con esto, el procurador romano consideró terminado el interrogatorio. Volvió a salir donde los judíos y les dijo: "Yo no encuentro ningún delito en él" (cf. Jn 18, 37-38). 

Meditación junto a San Juan Pablo II 

    El drama de Pilato se oculta tras la pregunta: ¿qué es la verdad? 

   No era una cuestión filosófica sobre la naturaleza de la verdad, sino una pregunta existencial sobre la propia relación con la verdad. Era un intento de escapar a la voz de la conciencia, que ordenaba reconocer la verdad y seguirla. El hombre que no se deja guiar por la verdad, llega a ser capaz incluso de emitir una sentencia de condena de un inocente. 

    Los acusadores intuyen esta debilidad de Pilato y por eso no ceden. Reclaman con obstinación la muerte en cruz. La decisiones a medias, a las que recurre Pilato, no le sirven de nada. No es suficiente infligir al acusado la pena cruel de la flagelación. 

   Cuando el Procurador presenta a la muchedumbre a un Jesús flagelado y coronado de espinas, parece como si con ello quisiera decir algo que, a su entender, debería doblegar la intransigencia de la plaza. Señalando a Jesús, dice: "Ecce homo!" "Aquí tenéis al hombre". Pero la respuesta es: "¡Crucifícalo, crucifícalo!" 

   Pilato intenta entonces negociar: "Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él" (cf. Jn 19, 5-7). Está cada vez más convencido de que el imputado es inocente, pero esto no le basta para emitir una sentencia absolutoria. Entonces, los acusadores recurren a un argumento decisivo: "Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César" (Jn 19, 12). Es una amenaza muy clara. Intuyendo el peligro, Pilato cede definitivamente y emite la sentencia, si bien con el gesto ostentoso de lavarse las manos: "Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis" (Mt 27, 24). Así fue condenado a la muerte en cruz Jesús, el Hijo de Dios vivo, el Redentor del mundo. 

   A lo largo de los siglos, la negación de la verdad ha generado sufrimiento y muerte. Son los inocentes los que pagan el precio de la hipocresía humana. No bastan decisiones a medias. No es suficiente lavarse las manos. Queda siempre la responsabilidad por la sangre de los inocentes. Por ello Cristo imploró con tanto fervor por sus discípulos de todos los tiempos: Padre, "Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad" (Jn 17, 17). 

Oración final

Cristo, que aceptas una condena injusta, 
concédenos, a nosotros y a los hombres de todos los tiempos, 
la gracia de ser fieles a la verdad 
y no permitas que caiga sobre nosotros 
y sobre los que vendrán después de nosotros 
el peso de la responsabilidad 
por el sufrimiento de los inocentes.
 A ti, Jesús, Juez justo, 
honor y gloria por los siglos de los siglos. 

R/. Amén. Todos:

domingo, 9 de octubre de 2016

VÍA CRUCIS DE LA J.M.J DE MADRID. SEGUNDA ESTACIÓN. JESÚS ES TRAICIONADO POR JUDAS CON UN BESO


Lectura del Santo Evangelio

      Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. (Jn 13, 26). Se acercó a Jesús… y le besó. Pero Jesús le contestó: “Amigo, ¿a qué vienes?” (Mt 26, 49-50). 

Reflexión del Misterio

      En la Cena se respira un hálito de Misterio sagrado. Cristo está sereno, pensativo, sufriente. Había dicho: “He deseado comer esta Pascua con vosotros” (Lc 22,15).Y ahora, a media voz, deja escapar su sentimiento más profundo: “en verdad os digo que uno de vosotros me entregará” (Jn 13, 21).

     Judas se siente mal. Su ambición ha cambiado, a precio de traición, al Dios del Amor por el ídolo del dinero. Jesús lo mira y él desvía la mirada. El Señor le llama la atención ofreciéndole pan con salsa, y le dice: “lo que vas a hacer, hazlo pronto” (Jn 13, 27). El corazón de Judas se había envilecido y se fue a contar su dinero, para entregar poco después a Jesús con un beso. Cristo, al sentir el frío del beso traidor, no se lo reprocha; le dice: “Amigo”. 

    Si estás sintiendo en tu carne el frío de la traición, o el terrible sufrimiento que provoca la división entre hermanos o la lucha fratricida… ¡acude a Jesús! Él asumió las traiciones más dolorosas en el beso de Judas.

miércoles, 30 de marzo de 2016

VÍA CRUCIS POPULAR CANTADO. SEGUNDA ESTACIÓN. JESÚS CARGA CON LA CRUZ


Con la Cruz de tus culpas cargado,
 exhausto de fuerzas camina tu Dios.
Y al subir la pendiente le impelen
por fuera sayones, por dentro tu amor.

Dulce Redentor,
 mi pecado esos hombros oprime.
 Ya lloro mis culpas y os pido perdón.

Madre afligida
de pena hondo mar,
logradnos la gracia
de nunca pecar.


viernes, 11 de marzo de 2016

VÍA CRUCIS DEL COLISEO, VIERNES SANTO 2.015. UNDÉCIMA ESTACIÓN. JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ. LA SÚPREMA CÁTEDRA DEL AMOR DE DIOS


Del Evangelio según san Juan

 «Entonces se lo entregó para que lo crucificaran… Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: Jesús el Nazareno, el rey de los judíos».

Sentimientos y pensamientos de Jesús 

      Me están taladrando los pies y las manos. Los brazos estirados. Los clavos atraviesan mi carne con dolor. Tengo el cuerpo inmovilizado, pero libre el corazón, y con esa libertad fui hacia mi pasión. Libre, porque está lleno de amor, de un amor que quiere incluir a todos. Miro a los que me crucifican. Pienso en los que se lo han mandado: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Junto a mí hay otros dos condenados a morir en cruz. Uno de ellos me pide que me acuerde de él cuando esté en mi reino. Sí –le digo–, «hoy estarás conmigo en el paraíso».

Nuestra resonancia 

Te vemos, Señor Jesús, clavado en la cruz. Y nos asaltan preguntas apremiantes: ¿Cuándo quedará abolida la pena de muerte, vigente aún hoy en numerosos Estados? ¿Cuándo desaparecerá todo tipo de tortura y la muerte violenta de personas inocentes? Tu Evangelio es la mejor defensa para el hombre, para todos los hombres. 

Oración

«Ten piedad de nosotros» Señor Jesús, tú aceptaste la cruz para enseñarnos a dar nuestra vida por amor; en la hora de la muerte, escuchaste al ladrón arrepentido. Salvador inocente, fuiste contado entre los malhechores y te sometiste al juicio de los pecadores. Ten piedad de nosotros.

viernes, 4 de marzo de 2016

VÍA CRUCIS DEL COLISEO. VIERNES SANTO 2.015. DÉCIMA ESTACIÓN. JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS. "LA TÚNICA"



Del Libro de los Salmos 

 «Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica».
Sentimientos y pensamientos de Jesús

       Me quedo en silencio. Me siento humillado por un gesto aparentemente banal. Hace horas que me quitaron la ropa. Pienso en mi Madre, aquí presente. Mi humillación es también la suya. También de esta manera una espada traspasó su alma. A ella le debía la túnica que me arrebataron. Era un símbolo de su amor por mí.

Nuestra resonancia

        Tu túnica, Señor, nos lleva a meditar en un momento de gracia y también en todas las veces que se viola la dignidad del hombre. La gracia es la del Bautismo. Al niño que acaba de convertirse en cristiano, se le dice: «Eres ya nueva creatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna». Esta es la verdad más profunda de la existencia humana. Al mismo tiempo, el amor con que cuidas a todas las criaturas nos lleva también a pensar en situaciones terribles: el tráfico de seres humanos, los niños soldados, el trabajo esclavo, los niños y adolescentes a los que han robado su inocencia, heridos en su intimidad, profanados sin piedad. Tú nos haces pedir humildemente perdón a cuantos sufren estos ultrajes y rezar para que finalmente se despierte la conciencia de los que oscurecen el cielo en la vida de los demás. Ante ti, Señor Jesús, renovamos nuestro propósito de «vencer el mal con el bien».

 Oración

      Las dos vías «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin».

viernes, 26 de febrero de 2016

VÍ CRUCIS DEL COLISEO. VIERNES SANTO 2015. NOVENA ESTACIÓN. JESÚS CAE POR TERCERA VEZ. EL "VIAJE" DE JESUS


Del Evangelio según san Juan

 «Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

       Mi camino terreno llega a su fin. Cuando nací, mi madre me puso en un pesebre. He pasado casi toda mi vida en Nazaret. He formado parte de la historia del pueblo elegido. Como enviado itinerante del Padre, he anunciado la amplitud de su amor, en el que todos caben; la extensión de su amor, que se mantiene fiel a lo largo todas las generaciones; la altitud de su amor, esperanza que vence incluso a la muerte; y la profundidad de su amor, que no me ha enviado para los justos, sino para los pecadores. Muchos escucharon mi palabra y me siguieron, convirtiéndose en discípulos míos; otros no me comprendieron. Algunos me rechazaron y, al final, me condenaron. Pero, en este momento, más que nunca, me siento llamado a revelar el amor de Dios por los hombres. 

Nuestra resonancia 

      Señor Jesús, ante tu amor y el amor del Padre, nos preguntamos si no nos estaremos dejando contagiar por el mundo, que considera tu pasión y muerte «necedad y escándalo», siendo así que es «fuerza y sabiduría de Dios». ¿No estaremos siendo cristianos tibios, cuando tu amor es un misterio de fuego? ¿Nos damos cuenta de que antes de que Dios viniese a nosotros, ni siquiera sabíamos quién era Dios? Cuando tú, Hijo Unigénito, llegaste, Dios, que nos hizo a su imagen, nos permitió levantar los ojos a él y nos prometió el Reino de los cielos. ¿Cómo no amar a Aquel que nos ha amado primero»?

Oremos 

       «Abba, Padre» Señor y Dios nuestro, nos atrevemos a llamarte «Padre nuestro». Sentirnos hijos tuyos es un don maravilloso del que te estaremos eternamente agradecidos. Sabemos, Padre, que no somos una mota de polvo en el universo. Nos has dado una gran dignidad, nos has llamado a ser libres. Líbranos de toda forma de esclavitud. No dejes que nos perdamos lejos de ti. Padre, cuida de cada uno de nosotros. Cuida de todos los hombres sobre la faz de tierra.