miércoles, 10 de febrero de 2016

VÍA CRUCIS DEL COLISEO. VIERNES SANTO 2.015. SEXTA ESTACIÓN. LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS. DISCÍPULAS


Del Evangelio según San Lucas
   
      «En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes».

Sentimientos y pensamientos de Jesús 

 Entre la multitud hay muchas mujeres. Su delicadeza impulsa a una de ellas a acercarse para secarme el rostro. Este gesto me hace recordar otros encuentros. Uno de ellos, hace una semana. Fui a cenar, por amistad, a Betania, en casa de Marta, María y Lázaro. María me ungió los pies con óleo perfumado de nardo auténtico. Se sorprendió cuando le dije que lo conservara para mi sepultura. Me veo también sentado junto al pozo de Sicar. Estaba cansado y sediento. Llega en aquel momento una mujer samaritana con un cántaro. Le pido agua. Le hablo de un agua que salta hasta la vida eterna. Parece que esperaba este don para abrir su corazón. Quería contarme todo sobre ella. La vi maravillada profundizando en su propia conciencia. Volvió a su pueblo hablando de mí y diciendo: «¿Será este el Mesías?».

Nuestra resonancia 

Señor Jesús, esta tarde, entre nosotros, la presencia femenina es significativa. En los Evangelios, las mujeres tienen un lugar destacado. Os ayudaron a ti y a los apóstoles. Algunas de ellas estuvieron presentes en tu pasión. Y fueron las primeras en anunciar tu resurrección. El genio femenino nos lleva a vivir la fe con afecto hacia ti. Nos lo enseñan todos los santos. Queremos seguir sus huellas. 

Oración

El don de la maternidad espiritual Señor Jesús, las mujeres sostienen en gran medida el anuncio de la fe en el mundo y el camino de las comunidades cristianas. Haz que sigan siendo testigos de esa felicidad que brota del encuentro contigo y que constituye el secreto profundo de sus vidas. Cuídalas como signo luminoso de maternidad junto a los últimos que, en sus corazones, son los primeros.

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